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La sabiduría del silencio


Por Marisol González Ficachi 
Instructora de yoga y meditación 

Imagínate solo, quieto y en silencio. Tratas de no pensar y de no hacer nada. Tal vez te suene a una historia de miedo. Te aseguro que si aprendes a hacerlo, obtendrás la tranquilidad que pides a gritos. Tan solo intenta y acércate a la meditación sin esperar nada. Quizá llegues a sorprenderte. Tu objetivo es reducir las fluctuaciones constantes de tu mente lo que genera una sensación de relajación y bienestar. 

Primer paso: Cierra la boca y hazte amigo del silencio. Ahora encuentra un lugar donde puedas sentarte cómodamente sin que nada ni nadie te distraiga.
 

Segundo paso: Cierra los ojos o si prefieres enfoca tu mirada en un objeto, una luz o imagen agradable. Ten en cuenta que mantener los ojos cerrados puede ayudar a conservar tu mente enfocada, sobre todo en tus primeros acercamientos. 

Tercer paso: Escoge una palabra agradable para ti (OM o cualquier mantra son buenas opciones) y repítela una y otra vez. Escuchar lo mismo todo el tiempo ayuda a mantener tu mente enfocada sin involucrarse en las historias de tus pensamientos. 

Cuarto paso: Observa, no hay prisa de nada. El estrés se va poco a poco. Trata de conservar este estado de calma al menos cinco minutos al día. 

Con el tiempo, encontrarás un foco personal y desarrollarás el estilo de meditación que más te funciona. Trata de descubrir la mejor técnica para ti –por ejemplo, escuchar tu respiración, repetir una oración o seguir luces que aparecen con los ojos cerrados-.

Se trata de seguir un camino que te haga sentir cómodo y que te lleve a experimentar lo que más deseas. "No es necesario preguntar cómo se medita. Pregunta cómo hacer para permanecer libre de ocupaciones. La meditación se produce espontáneamente. En esto consiste todo el truco de la meditación: en cómo permanecer libre de ocupaciones. Entonces, no puedes hacer nada: la meditación habrá de florecer." Osho.